Vida y ficción
La loca de la casa, de Rosa Montero [Una reseña de Luis Francisco Castillo]
La loca de la casa es un libro inclasificable, imposible de encuadrar dentro de una categoría o de un género literario en concreto, ya que el relato es en cierto modo un magma literario, una autobiografía, un ensayo, e incluso podemos rastrear rasgos novelescos, porque la ficción no es ajena a esta obra.
El título del relato hace referencia a una cita de Santa Teresa, que afirmaba que “la imaginación es la loca de la casa”; de aquí se sigue que el epicentro temático del libro es la imaginación y la creación artística. Montero –que al principio de la obra afirma que ordena sus recuerdos como un cómputo de novios y de libros- aborda de manera muy personal los entresijos de la creación literaria, las locuras, las pasiones, las fantasías y los miedos que acosan al escritor; y todo esto empedrado con divagaciones sobre su experiencia personal y con ejemplos de escritores muy conocidos. Rosa Montero afirma, por ejemplo, que el escritor es más sensible al paso del tiempo y de la muerte que cualquier otra persona, y que precisamente por eso escribe: para intentar detener de alguna manera lo efímero del momento.
La autora divaga asimismo sobre los entresijos de la literatura y del periodismo, y afirma que se siente más cercana a la literatura, ya que ésta le brinda otros mundos. Digamos que el periodismo está siempre con los pies en el suelo, y que a Montero le gusta volar. Por otra parte, las biografías ajenas que aparecen en la novela son de lo más curiosas y esclarecedoras; así, nos enteramos de que Goethe se dejó la dignidad por ascender en la escala social y formar parte de una corte de chichinabo (en este apartado hay también un recadito para García Márquez y su simpatía hacia Castro), o de que Truman Capote, autor del mítico reportaje novelado A sangre fría, se emborrachó de éxito y terminó escribiendo unos relatos horrorosos. En fin, digamos que los escritores tienen sus luces y sus sombras, sus aspiraciones y sus pasiones, como todo el mundo.
Esta célebre escritora y periodista ha publicado en diversos medios de comunicación, y desde 1976 trabaja en exclusiva para El País. En 1980 ganó el Premio Nacional de Periodismo para Reportajes y Artículos Literarios, y ha escrito novelas (Te trataré como a una reina, Amado amo, El corazón del tártaro, entre otras), y libros periodísticos. Éste quizás sea el relato más autobiográfico de su carrera literaria, ya que cuenta algunos de sus recuerdos más secretos. Así, por ejemplo, nos enteramos de que en cierta ocasión Montero se identificó con una enana de circo alemana, de las salidas con su amiga Pilar Miró, del estilo hippie que adoptó durante el franquismo, o de que en cierta ocasión mantuvo un extravagante y casi ridículo idilio con un célebre actor de Hollywood, al que denomina M. No obstante, Montero dice que en este relato no todo lo que afecta a su vida es documentalmente verificable, ya que “toda biografía es ficcional y toda ficción autobiográfica”. Por tanto, no nos podemos fiar de todo lo que Montero dice de sí misma. Se trata de una autobiografía novelada, y como tal, resulta difícil separar la realidad de la ficción y la fantasía.
Un fragmento de su libro de reportajes Estampas bostonianas y otros viajes, del que ella dice lo siguiente: "Hay reportajes sobre los esquimales, China, Alaska, Irak antes de la guerra con Irán, los campamentos sarahuis, Australia.. . De lo más variado. No los he arreglado: cada uno está escrito en una época y en un contexto histórico que los determina, y he escrito una introducción a cada uno de ellos, contando cómo lo hice y qué pasó después".
Y una entrevista muy interesante que comienza con la pregunta ¿por qué escribe y para qué?
