Cruzar fronteras
Ramón Lobo escribió el 23 de abril de 2005 un perfil de Kapuscinski que ha sido rescatado ahora por la revista Etcétera como homenaje al reportero polaco fallecido el pasado 23 de enero. En su perfil, el reportero de El País, autor del recomendable libro El héroe inexistente, describe a un Kapuscinski con 74 años y todavía ganas de viajar y contar historias, y destaca algunos aspectos esenciales para comprender el trabajo el periodista polaco:
Foto AP
Sus dudas sobre la utilidad de las grabadoras en las entrevistas: "Mi experiencia es que en cuanto sacas la grabadora, el lenguaje se burocratiza, se transforma y surge el idioma oficial. Es como si el cerebro del entrevistado buscara la frase adecuada para ser inmortalizada en la cinta”.
El sentido de la vida como un permanente esfuerzo por cruzar fronteras: hacia el encuentro con el otro, hacia lo desconocido, en busca de respuestas. El lema de su vida sería la frase que le dijo a su redactora jefa cuando era joven: “Quiero cruzar la frontera".
Su admiración por Herodoto: "Era un hombre curioso que se hacía muchas preguntas, y por eso viajó por el mundo de su época en busca de respuestas. Siempre creí que los reporteros éramos los buscadores de contextos, de las causas que explican lo que sucede”.
Su fe en la capacidad del periodismo de promover el entendimiento del mundo, el conocimiento del otro y, por lo tanto, la paz y la libertad.


The_Exorcist dijo
Kapuscinski ha sido criticado varias veces de pecar de falta de objetividad, y de "inventarse" muchas de las conversaciones que reproducía en sus libros, lo cual constituye un fallo menor en comparación con los beneficios que aportó al periodismo.
Sin embargo, resulta un dato interesante que Ramón Lobo ha pasado por alto. No hay que olvidar que a Kapuscinski le preocupaban mucho más los perjuicios que podía ocasionar la búsqueda de la objetividad, que la pérdida de ésta.
A mi juicio, su excesiva subjetividad le convertía en artista, por encima de periodista. Sus libros, más que a la crónica o el reportaje, se acercaban más a un género literario conocido como "realismo", y por tanto, considero que deberían ser considerados eso: literatura.
El valor de sus reflexiones sobre el oficio de periodista es algo que nadie discute, pero sus defectos parecen haber sido escondidos bajo las capas de tierra que descansan sobre su ataúd. Nadie es perfecto, él mismo lo reconocía, y se habría sentido decepcionado de descubrir que se le considera prácticamente como tal.
14 Marzo 2007 | 03:01 PM